El impacto de la cultura en la educación

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Muchas veces, el día a día hace que olvidemos que la responsabilidad que tenemos como profesionales en nuestras organizaciones no solamente consiste en compartir conocimientos técnicos, sino también intercambiar valores, compartir momentos con quienes trabajamos e interactuamos (colaboradores, pares, jefes, clientes, proveedores), y transmitir una cultura de hacer siempre lo correcto, sin necesidad que haya una autoridad que nos vigile, pues creo firmemente que detrás de un buen profesional y líder, hay siempre una buena persona.

¿Por qué menciono esto? Hace algunos años viví una experiencia que cambió un poco mi forma de ver, analizar y hasta de pertenecer a una sociedad como la nuestra, a la cual estoy seguro aún le queda un espacio importante de mejora y evolución. En agosto de 2008, mientras vivía en España, realicé un viaje por diversos países de la Comunidad Europea por trabajo pero principalmente por turismo. El destino final de mi itinerario fue la ciudad de Múnich, en Alemania, lugar donde mi primera impresión fue la de encontrarme con una realidad completamente distinta, algo diferente a lo que había visto en otras ciudades europeas y en la que, además de observar paisajes muy hermosos, se podía percibir a primera vista mucha disciplina, orden y educación. Principalmente eso: Educación.

Mi objetivo principal para este destino, aparte de realizar el recorrido general y típico por la ciudad, era conocer principalmente el estadio olímpico de Múnich y la sede principal de la compañía “BMW”; precisamente utilizando el metro a estos destinos, es que empecé a entender de dónde provenía esa disciplina, orden y educación que percibí desde el momento que llegué a esta ciudad.

Aún tengo en mi memoria el momento que visité estos dos lugares. Recuerdo haberme dirigido a la estación “Universität” del metro, comprar mi boleto e ingresar buscando de inmediato la garita de control en donde me pudieran validar el ticket. Extrañamente no encontraba esa garita de control, y por ninguna parte veía algo que se pareciera o relacionara con algún mecanismo de validación. No se me ocurrió mejor idea que preguntarle a alguien que pudiera orientarme y/o ubicarme. En una combinación de idiomas (inglés-germano-castellano) casi perfecta, le pregunté a un chico que parecía tener mi edad: ¿Dónde puedo encontrar la garita de control para validar este boleto que acabo de comprar?, sorprendido y algo confundido me responde: “Lo siento, en esta estación no existe la garita que mencionas y, que yo sepa, tampoco existe en ninguna otra estación de metro en Múnich”. Ahora el confundido con la respuesta era yo; sin embargo, procedí a preguntarle nuevamente: ¿Y entonces, cómo es que se controla a las personas que no han comprado su boleto y utilicen el metro? Su respuesta a esta última pregunta fue directa, humilde, sincera y hasta podría decir que un golpe a toda la educación que creía tener hasta ese momento: “¿Por qué alguien podría hacer algo así, si eso no es correcto? ¿Por qué alguien podría utilizar el metro sin pagar si eso no está bien? Lo más triste para mí era que no me lo estaba diciendo el dueño o gerente general de una transnacional, sino un ciudadano común y corriente, alguien con el que te podrías cruzar en la calle en cualquier momento.

Desde aquel momento, tomé una mayor conciencia sobre el hecho de que las sociedades funcionan (o deberían funcionar), de acuerdo a un orden y una estructura determinada. Es cierto que el concepto de cultura varía dependiendo del lugar en el que nos encontremos, pero definitivamente hay muchas buenas costumbres y prácticas que podemos aprender de otros países, y en esta oportunidad, lo que me causó un mayor impacto fue el tema de la educación, un aspecto que con toda seguridad ha influido positivamente en el desarrollo político, económico y social de Alemania, un país que después de la Segunda Guerra Mundial (hace tan sólo 71 años) estaba prácticamente en la quiebra, no tenía ni la décima parte de los recursos naturales y materias primas de las que disponemos en el Perú y que, sin embargo, en la actualidad es una de la potencias mundiales y probablemente una de las pocas economías desarrolladas, la cual en la última crisis financiera internacional del 2008 no se vio tan afectada.

Por cierto, una vez que tomé el metro en Múnich, vi algunas otras cosas que me llamaron tanto o más la atención; por ejemplo: Todas las personas en el interior leían un libro, se respetaban los asientos para personas discapacitadas y se cedían los asientos a los mayores. Para ese momento ya mis preguntas eran otras: ¿Eran ellos los extraños o lo era yo? ¿Cómo una sociedad puede llegar esta situación? ¿Es la cultura el único aspecto determinante para tales comportamientos y actitudes?

Entérate de más temas de interés visitando nuestro “EY Perú Library“.


Oscar MereOscar Mere
Socio de Auditoría, EY

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Socio de la División de Auditoría en EY Perú. Cuenta con 13 años de experiencia en auditoría y asesoría de negocios a empresas de los sectores retail y consumo masivo, real estate, bancario, telecomunicaciones, comercial, entidades sin fines de lucro y proyectos de inversión en Perú, España y Ecuador.


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