Un futuro diferente es un futuro Smart

En los últimos años, de acuerdo con las investigaciones de EY, el financiamiento de los inversionistas en Inteligencia Artificial (IA) ha aumentado casi siete veces: de US$ 45 millones en 2010 a US$ 310 millones en 2015. ¿Pero qué es la IA? Es parte integrante del concepto Smart, pues busca asimilar insumos de forma autónoma, percibir y comprender una necesidad y entregar la mejor decisión posible.

El mundo que nos rodea ya tiene estas características de tecnología Smart en industrias como la Salud y la Banca, y ni qué decir de ciudades enteras en los países más desarrollados. Bajo este concepto, un activo, una obra de infraestructura o incluso una transacción, están conectadas a los sistemas de información; en donde se analizan sus datos y se busca hacerlos más autónomos y efectivos. Estamos tan acostumbrados a esta tecnología que a veces nos pasa desapercibida, sin embargo, por mencionar algunos ejemplos, la podemos encontrar desde que ingresamos a la página web de Amazon y ésta nos sugiere artículos basados en nuestro historial de compras, o las rutas que nos brindan los navegadores en la ciudad para transportarnos de la casa a la oficina basadas en nuestras preferencias, o los recordatorios que nos llegan a nuestros teléfonos para alertarnos de pagos pendientes o de citas médicas.

Smart es el discernimiento y toma de decisiones que está por encima de las interacciones entre las cosas que están conectadas. Hoy nos encontramos probablemente llegando al límite de lo que será la revolución inteligente que podría cambiar la forma en que el mundo funciona. Esto por dos razones:

  1. En un mundo que está cada vez más limitado por los recursos, la globalización y la urbanización, los gobiernos y las organizaciones ven la necesidad de invertir en soluciones más eficientes e inteligentes.
  2. La demanda de tales soluciones está de la mano con la siguiente ola de disrupción digital: la industrialización de tecnologías como el Internet de las cosas (IoT), la Inteligencia Artificial y la robótica.

Volviendo a la IA, es difícil delimitar las posibilidades que existen con ella. Actualmente ya opera en call centers para responder a consultas básicas o en teléfonos inteligentes como asistente personal. El siguiente paso será la combinación del razonamiento autónomo de IA con el “aprendizaje profundo”; es decir, que la IA aprenda de cada nuevo aporte o evento o experiencia y con ello aumente la eficacia de sus respuestas posteriores.

El aprendizaje profundo de la inteligencia artificial y la automatización robótica también acercan la posibilidad de la “singularidad”, que se refiere al punto en el que el pensamiento de la máquina reemplazará la capacidad humana. Suena a película de ciencia ficción, pero se espera que en una década la tecnología inteligente pueda resolver problemas que los seres humanos luchan por conceptualizar.

En esa línea, Smart impulsa los beneficios económicos, ambientales y sociales, pero el matiz radica en dónde, cuándo y cómo. En el pasado, una red de energía se consideraba exitosa si mantenía las luces encendidas y el explorar los límites de esa red era percibido como algo demasiado arriesgado. Sin embargo, cuando las decisiones se vuelven más autónomas y se basan en insumos más complejos, variados y en donde las consecuencias son probadas, evaluadas y ajustadas en tiempo real, la red puede ser optimizada.

Ahora, un siguiente paso será el aplicar el mismo enfoque a las redes de transporte y de telecomunicaciones, líneas de producción, servicios de salud y cadenas de suministro. La reasignación de pasajeros, recursos y energía a diferentes partes de una red, facilita satisfacer la demanda máxima y reduce los períodos de inactividad. Las redes más inteligentes pueden anticipar los problemas y, si es necesario, pueden autodiagnosticar problemas y autoresolver los mismos.

La capacidad de asimilar, analizar y tomar decisiones en formas más complejas y escalables que nunca también mejora la eficacia. El uso de sensores personales y IA para analizar los datos de los pacientes, incluso al nivel de detectar cambios sutiles en la bioquímica individual, hace posible diagnosticar las enfermedades con mayor precisión y ofrecer mejores resultados.

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El concepto Smart empodera a nuestros clientes con más información y una mayor percepción, pero aún no es suficiente. Se espera que el cliente utilice esos conocimientos para tomar medidas, adaptar su uso de energía, gestionar sus finanzas, cambiar sus hábitos de viaje o administrar su salud de manera proactiva.

Los servicios financieros son un claro ejemplo de los resultados del concepto Smart. Sus clientes ahora reciben toda la información en línea sobre sus cuentas, los pagos que deben hacer, las ofertas de nuevos productos, etc. Ya no es necesario que un cliente esté físicamente en una agencia para recibir información o realizar transacciones. Esto abre nuevos frentes y riesgos. Se debe cumplir con una nueva regulación, respetar la seguridad de la información y lo más importante, que la tecnología Smart también es un medio que utiliza la competencia para atraer a nuestros clientes.

El mayor reto de la tecnología inteligente está en su ejecución. No es sólo una transformación tecnológica, sino que es necesario realizar un cambio que abarca tres elementos básicos: (i) establecimiento de la agenda de cambio, donde se defina el caso de negocios -se compruebe y exija constantemente- para definir su justificación y el contexto; (ii) Smart requiere un rediseño extremo a extremo de los modelos organizativos para ser efectivo en industrias como las de Salud, Transporte, Ingeniería, Consumo Masivo, así como sin duda en Banca y Retail. Son cada vez más relevantes las organizaciones de TI y datos; (iii) Smart es más que implementar los cambios tecnológicos y organizacionales. Como cualquier estrategia, requiere activación: implica educar a nuestros clientes y usuarios sobre qué hacer con los datos y qué decisiones pueden tomar.

Entérate de más temas de interés visitando nuestro “EY Perú Library“.


Jorge AcostaJorge Acosta
Socio Líder de Consultoría, EY

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Socio Líder de la División de Consultoría de EY Perú. Experto en Mejora de Desempeño y Gestión Empresarial. Cerca de 20 años de experiencia brindando servicios de asesoría empresarial, participando en diversos proyectos de mejora de ingresos, gestión de riesgos, auditoría interna, mejora de procesos, control interno, due diligence, valuaciones, asistencia en compra de empresas, auditorías financieras. Su experiencia incluye sectores como: banca y seguros, pesca, consumo masivo, retail, minería e industria en general.


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