Nuevos riesgos globales y locales

Nuevos riesgos globales y locales

 

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) presentó el último Informe Global de Riesgos 2018, en un periodo de transformación global. De una manera agregada –aunque aún muy dispar en su distribución-, el promedio de la población mundial disfruta de mejores niveles de vida en lo que va de su historia de la humanidad. Sin embargo, la aceleración e interconexión en todos los campos de actividad están impulsando la capacidad de asimilación de las instituciones, comunidades e individuos a sus límites, y se está poniendo al futuro desarrollo en riesgo. Ejemplo de esto es que el 90% de la población mundial vive con aire contaminado por polución ambiental.

Justamente, hoy se goza de recursos tecnológicos, científicos y financieros sin precedentes, que deberían ser usados para trazar un rumbo hacia un mayor desarrollo sostenible, distributivo, equitativo e inclusivo; algo que no se está consiguiendo con la plenitud deseada.

El informe de riesgos globales del WEF de 2017 se publicó en un momento de mayor incertidumbre y descontento popular frente al orden político y económico. El reporte pedía “reformas fundamentales para el capitalismo de mercado” y una reconstrucción de solidaridad dentro y entre los países. Un año más tarde vivimos una época de recuperación económica mundial de difícil comparación, ofreciendo nuevas oportunidades y velocidades para el progreso, lo cual no debe ser desperdiciado como para dejar de hacer frente a desafíos sistemáticos representados por reformas económicas, sociales y políticas, por citar a algunas.  Para el Perú, aun cuando se lo postule como uno de los primeros países de América Latina en crecimiento de PBI para 2018, igualar nuestro crecimiento anual con el esperado a nivel global por la aceleración de las potencias económicas mundiales, resulta muy poco. Como país emergente deberíamos al menos duplicar dicho crecimiento anual estimado en 3.9% para 2018 (según el FMI), máxime cuando el primer 2% anual se consume para absorber siquiera a los cerca de 300,000 ciudadanos que anualmente se agregan a nuestra población económicamente activa.

Vivimos una época de recuperación económica mundial de difícil comparación, ofreciendo nuevas oportunidades y velocidades para el progreso, lo cual no debe ser desperdiciado como para dejar de hacer frente a desafíos sistemáticos representados por reformas económicas, sociales y políticas.

Según el informe del WEF en 2008, durante la última crisis mundial, sobresalían 3 riesgos de naturaleza económica de un total de ocho riesgos medidos por su máxima probabilidad y ocurrencia. El más alto era el riesgo del colapso del precio de los activos, y no existía ningún riesgo tecnológico. Este 2018, para el WEF sobresalen tres riesgos medioambientales dentro de los siete riesgos más altos, liderados por eventos climáticos extremos; desastres naturales; y fallas en la mitigación y adaptación a los cambios climáticos, seguidos por dos riesgos tecnológicos (ciberataques o robo de datos), y ningún riesgo mayor de corte económico. Además, el riesgo social ante la crisis por agua continúa presente como desde 2012, con casos de colapso como el de hoy en Ciudad del Cabo, y nuestra vulnerabilidad ante el Fenómeno de El Niño de 2017 nos ha recordado su impacto en nuestro país.

Los riesgos de ciberseguridad también están creciendo, tanto en su prevalencia como en su potencial disruptivo de ataques contra empresas y personas. El impacto financiero de estos ataques está aumentando y ahora apunta a la infraestructura, y podrían desencadenar un colapso en los sistemas que mantienen a las sociedades funcionando. También tenemos el elevado endeudamiento y las continuas tensiones en el sistema financiero global, el limitado poder político frente a crisis, la disrupción causada por nuevos patrones en la automatización y digitalización, y las presiones proteccionistas con creciente política nacionalista y populista. Un llamado de atención para hacer cambios de una vez, estar alertas y trabajar por el bien común.


*Artículo publicado originalmente en la edición de Febrero 2018 de América Economía.          

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Paulo PantigosoPaulo Pantigoso
Country Managing Partner, EY 

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Country Managing Partner de EY Perú. Responsable de liderar junto con 50 socios y directores a más de 1,200 profesionales expertos en los servicios de la firma. Es editor de la “Guía de Negocios e Inversión en el Perú” elaborada en conjunto por EY Perú, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Proinversión; y editor de la Guía de Negocios y Emprendimiento “Crecer”, dirigida a orientar a los emprendedores en los negocios.