¿Aptitud o actitud?

Aptitud o ActitudComo seguramente les sucede a muchas personas, tengo cierta certeza de que todos nacemos con alguna aptitud, pero que para tener actitud hace falta un ingrediente adicional; así me pasé años buscando mi “aptitud” en la vida, es decir, aquel talento que me hiciera especial. Es importante recordar que las habilidades o talentos no sólo se circunscriben a la música, el arte o el deporte, sino que son mucho más amplias y generales de lo que usualmente se piensa.

Con el paso del tiempo es interesante notar que aun cuando la “aptitud profesional” no es el tipo común de “talento” que uno encuentra de forma natural, sino aquel con el que te topas en el camino profesional, resulta ser muy importante en el desenvolvimiento de nuestras carreras, ya que nos ayuda a lograr nuestros objetivos y metas, haciéndonos más competitivos y permitiéndonos desarrollar todo nuestro potencial.

Pero y ¿qué hay de la actitud? ¿Cómo es que el temperamento de una persona frente a distintas situaciones nos ayuda en el periplo de la vida profesional? ¿Cómo es que ese “ingrediente adicional” está ligado a nuestro desempeño? De acuerdo con lo señalado por diversos autores sobre la inteligencia emocional, la actitud se encuentra relacionada con el saber reaccionar asertivamente, manteniendo un equilibrio entre la agresividad y la pasividad comunicacional, exteriorizando nuestras emociones en forma mesurada.

En el día a día, escuchamos constantemente ambos términos, y quizás sin darnos cuenta, muchas veces confundimos ambas palabras, no necesariamente por sus acepciones, que como hemos visto, son muy distintas, sino porque entre ambas solo hay una letra que hace la diferencia. En definitiva, ni una descarta a la otra pero sí que se complementan.

Maximizar la experiencia del progreso laboral, implica una hábil combinación de aptitud y actitud, ya que con la primera cumpliremos con nuestros objetivos y, mediante la segunda estaremos motivados a alcanzarlos; conservando la relación de compañerismo con nuestros colegas, logrando la fidelidad de nuestros clientes, el reconocimiento de nuestros supervisores y la búsqueda de soluciones a los conflictos que surjan en el camino.

Pero, ¿ambas son siempre de carácter natural? Es decir, ¿nacemos con “cierta aptitud o talento “innato” o contamos con “la actitud correcta” ante las situaciones que se nos presentan, solo porque venimos con ese “chip incorporado”? Si bien, tanto las aptitudes o talentos innatos como las actitudes naturales, son las más sencillas de identificar en el desarrollo humano, no debemos olvidar que existe un enorme porcentaje de seres humanos que han trabajado en ellas como parte de su educación.

Es así que podemos contar innumerables casos de “aptitudes adquiridas” por medio del esfuerzo y del estudio. Lo vemos en nosotros mismos, en nuestros amigos, compañeros de trabajo, hasta en famosos deportistas que “se hicieron” mediante disciplina, esfuerzo y dedicación; en general, en todos aquellos que por medio de la determinación, el esmero y la voluntad, lograron sus metas de desarrollo profesional.

En el caso de las “actitudes adquiridas”, la clave se encontraría en conocer nuestro carácter. Es decir, se trata de un aprendizaje desde adentro hacia afuera, donde nuestros hábitos, pensamientos y acciones frente a distintas situaciones, son analizados en un contexto a fin de realizar una crítica objetiva que nos ayude a determinar si la forma en que reaccionamos ante el estrés, la presión, la carga laboral, entre otros, es la base para la solución de nuestros inconvenientes o si se convirtió en un obstáculo adicional.

La gama de temas que existen en la actualidad sobre “soft-skills” es solo una muestra de la real importancia del rubro emotivo; donde el profesional ya no necesita tan sólo de un Título Académico, sino de herramientas que lo ayuden a ser líder, a ponerse en el lugar de los demás, a hacer uso adecuado de los tiempos propios y ajenos, y en general, a lograr formar equipos con altos valores de desempeño.

De esta manera, resulta extremadamente importante ser conscientes de que nuestra competitividad en el trabajo es una sumatoria de las aptitudes o, conocimiento técnico que hemos ido ganando con esfuerzo a través del aprendizaje continuo y, una buena dosis de actitud que mejora la comunicación y facilita la absolución de problemas.

En consecuencia si la meta es transformarnos en profesionales calificados y altamente productivos, entonces la respuesta está en capacitarnos no sólo en el ámbito técnico sino también en el ámbito emotivo; logrando así potenciar nuestro desempeño. Se hace indiscutible la trascendencia que tiene la capacitación laboral como inversión para lograr crecimiento a nivel técnico, de competencias, de cultura organizacional, e imagen empresarial.


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Mari-Trini-HernaniMari Trini Hernani
Gerente de Education Services, EY 

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Gerente de Education Services de EY Perú. Cuenta con más de 7 años de experiencia en las áreas de impuestos sobre no domiciliados y en retención de tributos a no domiciliados, con particular énfasis en tributación relacionada con asistencias técnicas en los sectores de minería, hidrocarburos, energía y concesiones estatales.