¿Economía molecular?

¿Economía molecular?

La búsqueda por optimizar costos, energía, espacio, entre otros factores, que vemos desde hace algunas décadas, está generando no solo un importante mercado, sino una pujante economía, teniendo a la nanotecnología –disciplina ganadora del Premio Nobel de Química en 2016- como protagonista. Un mercado bastante atractivo por los beneficios transversales tanto para las sociedades como para las empresas, pero también por los cientos de miles de millones de dólares que vale. Se calcula que solo el mercado de nanomedicina generaría US$ 351.000 millones a 2025, de acuerdo con Grand Review Research.

La nanotecnología tiene una diversa trayectoria en disciplinas y productos, como pelotas de golf, prendas impermeables, revestimientos y polímeros que contienen estructuras a nanoescala para aumentar su calidad y funcionalidad. Hoy nuestra comprensión a nivel molecular va en aumento, al igual que las innovaciones que se vienen consiguiendo. En el campo de la medicina se está dando una mayor inversión y desarrollo, desde el uso de nanorrobots ingeribles para el despistaje de enfermedades hasta su tratamiento. Investigadores de la Universidad de Durham del Reino Unido han utilizado moléculas motorizadas activadas por luz para destruir células cancerosas en 60 segundos, y esta innovación ya ha sido probada en animales. En la misma línea, ya se desarrollan pequeños “tatuajes electrónicos”, que permiten monitorear los signos vitales, y que incluyen nanotecnología. Así, la “reinvención del cuidado de la salud” representa uno de los principales usos de la nanotecnología, junto con defensa.

La nanotecnología es una megatendencia que no debe pasar desapercibida por las empresas.

A esto se suma su desarrollo sobre el big data. Ya se ha descubierto la manera de almacenar un bit de información digital en un solo átomo, densidad que se calcula permitirá el almacenamiento de 26 millones de canciones en un dispositivo del tamaño de una moneda. En cuanto a materiales, el carbón se ha diseñado a nanoescala para tener el grafeno, un material más liviano, pero 200 veces más fuerte que el acero, y de innumerables beneficios. Cabe resaltar que los expertos también consideran factible que a futuro la nanotecnología permita eliminar los químicos de la capa de ozono e incluso reciclarlos.

La nanotecnología en la región latinoamericana se está dando de manera variada y solo en algunos países. Por ejemplo, Brasil está invirtiendo US$ 450 millones en Sirius, quizás el centro de investigación en la ciencia de materiales y nanotecnología más avanzado de América Latina, que estará equipado con tres aceleradores de partículas. México, por su parte, cuenta con más de 50 laboratorios dedicados a esta disciplina, e incluso las universidades dictan cursos o carreras al respecto. A nivel del Perú, nos encontramos bastante alejados de esta tendencia, y solo necesitamos ver el número de textos de investigación desarrollados –porque patentes al respecto aún no tenemos- sobre nanotecnología y en los últimos cinco años: Brasil (11.845), México (5.223) y Perú (102).

Hoy el país tiene hitos aislados del uso de nanotecnología, los más conocidos centrados en eliminar la contaminación. Su impacto, no obstante, puede ser mayor. La nanotecnología es una megatendencia que no debe pasar desapercibida por los centros de investigación y universidades, y menos aún por las empresas en su camino por innovar.


*Artículo publicado originalmente en la edición de Octubre 2018 de América Economía.          

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Paulo PantigosoPaulo Pantigoso
Country Managing Partner, EY 

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Country Managing Partner de EY Perú. Responsable de liderar junto con 50 socios y directores a más de 1,200 profesionales expertos en los servicios de la firma. Es editor de la “Guía de Negocios e Inversión en el Perú” elaborada en conjunto por EY Perú, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Proinversión; y editor de la Guía de Negocios y Emprendimiento “Crecer”, dirigida a orientar a los emprendedores en los negocios.