Concreciones antes que palabras

Concreciones antes que palabras

Competitividad y productividad: hemos venido decayendo en ambas y resulta necesario recuperarlas de manera urgente para concretar un mayor y más rápido desarrollo nacional. Según el Indice de Competitividad Global 2018 del Foro Económico Mundial, en 2018 el Perú retrocedió tres posiciones al puesto 63 de un total de 140 países, y es sexto en América Latina.
Destacó solo en un pilar de 12. El crecimiento del Perú decayó y se ralentizó en los últimos cuatro años, y el PIB anual potencial a corto plazo se ha reducido de 6% a 4%. El propio FMI ha reducido la proyección del diferencial de crecimiento de nuestra economía respecto al promedio de la región, al pasar de ser 1,6% en los últimos cinco años, a proyectar un diferencial mayor de solo 1% anual hasta 2022.

Nadie lo discute: al Perú le falta incrementar su productividad derivada de una mayor y mejor competitividad, y contribuir a que el país progrese al poder retomar altas tasas de crecimiento para mejorar la calidad de vida. Desarrollarnos al 4% anual es poco para un país emergente como el nuestro, considerando que debemos asumir nuestra PEA incremental anual. Dado ello, no es coincidencia que, durante la última CADE a finales de noviembre, el Consejo Privado de Competitividad presentara su Informe de Competitividad 2019 (IC 2019), que aglutinaba 77 propuestas producto del análisis e investigación proveniente de los sectores privado, público y de la academia. Y, luego de un mes, a finales de 2018 el Gobierno aprobó, a través del Consejo Nacional de Competitividad y Formalización del MEF, la Política Nacional de Competitividad y Productividad (PNCP), con el propósito de luego elaborar un plan que impulse un crecimiento económico alto y sostenido que eleve el bienestar de la población en el mediano plazo.

El IC 2019 tiene los siguientes siete pilares: infraestructura, mercado laboral, sistema de justicia, ambiente de negocios, logística, capital humano y competencias, ciencia, tecnología e innovación.

Por su parte, la PNCP tiene nueve objetivos prioritarios en: infraestructura, capital humano, innovación, financiamiento, mercado laboral, ambiente de negocios, comercio exterior, institucionalidad y medio ambiente.

Resulta interesante, pues, reconocer que la competitividad y la productividad cobren relevancia a través del CPC y del PNCP.

Existen importantes coincidencias y valiosísimas complementariedades en sus planes, ante lo cual lo primordial es la pronta concreción de leyes, normas, reformas, medidas, promociones, acciones, etc., que tomen lo mejor de cada aporte y que incrementen la productividad. Toca, pues, impulsar vigorosamente los cambios y ser rápidos en ello: concreciones antes que palabras o, más bien, que hablemos con concreciones. Goles son amores, y cuentan.

Para algunos, la ausencia de reformas estructurales importantes es una de las principales razones de nuestra baja productividad. Instituciones que no funcionan bien y que (sobre)regulan mal hacen prevalecer ineficiencias y entrampamientos, pues sus políticas no se modernizan, evolucionan y más bien se anquilosan. Así, la pérdida de agilidad, de ejecución y de drive operational excellence complotan contra la productividad y, sin ella, nuestra competitividad en el mundo sigue cayendo. El diagnóstico, una vez más, ya está.


*Artículo publicado originalmente en la edición de Enero 2019 de América Economía.          

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Paulo PantigosoPaulo Pantigoso
Country Managing Partner, EY 

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Country Managing Partner de EY Perú. Responsable de liderar junto con 50 socios y directores a más de 1,200 profesionales expertos en los servicios de la firma. Es editor de la “Guía de Negocios e Inversión en el Perú” elaborada en conjunto por EY Perú, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Proinversión; y editor de la Guía de Negocios y Emprendimiento “Crecer”, dirigida a orientar a los emprendedores en los negocios.