Mecenas del siglo XXI

Mecenas del siglo XXI

Entre los años 1400 y 1700, personajes muy poco conocidos, hasta ese entonces, como Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Galileo Galilei, Sandro Botticelli, entre otros, desfilaron por la corte de la familia Médici, ya sea por trabajos encargados o con la esperanza de que su talento en el arte o su ingenio fueran auspiciados. A estos “auspiciadores” se les conoció como mecenas.

Los Médici fueron una de las familias más poderosas e influyentes en Florencia, de cuyos miembros se destacaron cuatro Papas, dos reinas de Francia y numerosos dirigentes florentinos en las casas reales de Francia e Inglaterra. Trascendieron en su época por poseer uno de los bancos más prósperos y respetados en toda Europa y, además, por ser uno de los principales y más importantes mecenas del Renacimiento (movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental durante los siglos XV y XVI), patrocinando a muchísimos artistas y científicos.

En ese contexto, y ya sea además por otras razones políticas, económicas o sociales, los mecenas comprendieron que el desarrollo económico no puede (ni debe) producirse de forma aislada del desarrollo y fomento de todas las ramas del saber. Por ejemplo, basta con decir que Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel se dedicaban a la pintura únicamente en sus ratos libres, a pesar de que esa rama fuera la que los hizo trascender en la historia; sin embargo, su aporte a la humanidad ha sido mayor y desde distintas ramas: filosofía, medicina, anatomía, geología, botánica, astronomía, entre otros.

En lo que a expresiones artísticas se refiere, una de las que más me apasiona es el cine. Al respecto, de las cosas que más llama mi atención de una película es su proceso de producción, pues involucra muchísimos aspectos técnicos y que puede llegar a ser sumamente costoso, sobre todo si no está detrás un estudio cinematográfico, productor o algún mecenas dispuesto a financiar el proyecto. De hecho, producir una película en el Perú es una tarea heroica y digna de los más valientes. A continuación, algunas estadísticas para ilustrar lo mencionado:

  • India produce aproximadamente 1,325 películas por año;
  • Estados Unidos produce aproximadamente 520 películas por año;
  • Japón produce aproximadamente 418 películas por año;
  • Perú ha producido 321 películas entre 1911 y 2019.

Aunque esta comparación parezca injusta, lo cierto es que la explicación a estas estadísticas guarda mucha relación con el escaso impulso y/o prioridad que se le da a las artes en nuestro país, las condiciones legales e impositivas desfavorables para hacer cine, los usos y costumbres de los consumidores o, inclusive, la absoluta y completa falta de interés de la gran mayoría por la cultura a partir de expresiones artísticas (lo cual, ciertamente, resulta bastante triste).

¿Una luz de esperanza?

En diciembre de 2019, el Poder Ejecutivo publicó un decreto de urgencia que busca promover la actividad cinematográfica y audiovisual en el Perú (el artículo de la norma entrará en vigencia el 1 de enero del 2020 y estará vigente hasta el 31 de diciembre del 2022). Entre las medidas establecidas, el gobierno fijó que las personas naturales o jurídicas que hagan donaciones económicas para ejecutar proyectos en este rubro artístico podrán deducir un porcentaje del aporte como gasto para la determinación del Impuesto a la Renta. Para el caso de las personas naturales, estas podrán deducir hasta el 10% de la suma de la renta neta del trabajo y de la renta de fuente extranjera, mientras que las personas jurídicas podrán deducir hasta el 10% de la renta neta de tercera categoría.

Asimismo, la norma también establece que los titulares de los proyectos cinematográficos beneficiarios de la donación deberán ser asociaciones sin fines de lucro, dedicadas exclusivamente a asuntos culturales. También deberán estar inscritos en el Registro Nacional de Cinematografía y del Audiovisual a cargo del Ministerio de Cultura. De igual modo, los proyectos cinematográficos deben contar con el reconocimiento previo del Ministerio de Cultura.

Nuestro recorrido por la historia nos ha enseñado que el impulso del conocimiento, cultura y educación de todas las ramas del saber es un pilar fundamental y decisivo para el desarrollo del ser humano. Hoy, como en el Renacimiento, el involucramiento de más mecenas que puedan patrocinar artistas y científicos es casi un deber, pero si además obtenemos algún beneficio tributario… ¿Por qué no hacerlo? Finalmente, todos estaremos ganando.

Para más información sobre el servicio de auditoría, visita nuestra página: https://www.ey.com/pe/es/services/assurance/accounting-compliance-and-reporting


Oscar MereÓscar Mere
Socio de Auditoría, EY 

email

Socio de la División de Auditoría en EY Perú. Cuenta con 17 años de experiencia en auditoría y asesoría de negocios a empresas de los sectores retail y consumo masivo, real estate, bancario, telecomunicaciones, comercial, entidades sin fines de lucro y proyectos de inversión en Perú, España y Ecuador.